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domingo, 19 de enero de 2014

Una Europa sin guerras

Bien, dos meses después de empezar empezar a conocer la historia de Joan Pujol García ya he acabado el libro. Cierto es que dos meses es bastante tiempo para un libro tan pequeño, pero con vacaciones y trabajo de por medio es lo que ha habido.

La historia es increíble, tan bien hilada que parece una novela. Joan llegó a tener una red de 27 espías ficticios. A cada uno de ellos les otorgó una personalidad, historia y aptitudes diferentes. Algunos cometían errores a menudo, otros eran ejemplares. Algunos se movían por ideales arios, otros simplemente por dinero. Algunos desertaron. Otros murieron víctimas de convenientes enfermedades. Todo una gran mentira urdida para dotar de realismo a los mensajes ficticios con los que Joan y el MI5 manejaban al ejército Nazi. Entre otras cosas, Joan es el responsable de que los alemanes no contraatacaran tras el desembarco de Normandía, pues les convenció de que esta era sólo una maniobra disuasoria y de que el ataque de verdad entraría por Calais.

Sin embargo, a pesar de lo fantástico de la historia, con lo que más me quedo es con los motivos. Joan era un simple barcelonés que odiaba los horrores de la guerra, por eso se presentó sin más en la embajada alemana ofreciéndose como informador con la intención de engañarles. Y gracias a audacias como esta tenemos hoy la viva que tenemos.

Esto no es de desdeñar, Europa vive el mejor periodo de paz de la historia reciente (por algo se llevó el Nobel). No hay más que echar un vistazo a las últimas guerras en Europa:

  • Segunda Guerra Mundial: 1939-1945
  • Guerra Greco-Turca: 1919-1922
  • Primera Guerra Mundial: 1914-1918
  • Guerra de los Balcanes: 1913
  • Guerra Franco-Prusiana: 1870-1871
  • Guerra de Crimea: 1853-1856
  • ...
Por supuesto no estoy contando los conflictos violentos (aunque no bélicos) en los países comunistas o las guerras que no afectaron a más de un país, como la Guerra Civil Española o las guerras causadas por el desmembramiento de Yugoslavia. Lo que quiero enfatizar es que hace ya casi 70 años desde la última vez que un país europeo decidió atacar a otro, circunstancia que ocurría con mucha más frecuencia anteriormente. Ya cada vez hay menos gente que recuerde haber vivido una guerra. Hay gente que ha estudiado guerras o que las ha visto por la tele, pero cada vez menos los europeos tenemos en nuestra memoria una guerra entre países. ¿Imagináis que esto vaya a seguir siendo así?

Hagamos un cálculo simple. Yo tengo 31 años. La esperanza de vida en España es de 81 años, por lo que aún espero vivir en torno a 50 años más. Para que yo no tenga que vivir ninguna guerra en Europa necesito que Europa disfrute un periodo de paz de 120 años, algo que no estoy seguro de que haya ocurrido nunca. 

Y es aquí donde verdaderamente podemos apreciar la labor de Joan Pujol García. Sus convicciones le motivaron a resolver el conflicto de la manera menos sangrienta posible, evitando cuantas más muertes pudiera. Y es precisamente esta idea, la de evitar la violencia en la medida de nuestro alcance, la que representa para mí su mejor herencia: la mejor batalla es la que no se lucha, y la mejor guerra la que no se empieza.

jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Sabes quién era Joan Pujol García?

Seguramente no, como la mayoría de los españoles. Y sin embargo, si te consideras un defensor de las libertades individuales, no sólo deberías conocerlo sino que deberías tener su busto en un pedestal. Con lo que he dicho puede que estés tentado a navegar a la Wikipedia y leer su biografía al completo. Desde luego puedes hacerlo, pero yo te quiero ofrecer una alternativa: conocer a Joan a través de la historia de cómo llegué a conocerlo yo, y de paso reflexionar sobre qué ha debido pasar para que el español medio no sepa de su existencia.

Leí el nombre de Joan Pujol García por primera vez en Londres, en una visita al Museo Imperial de Guerra. Estaba paseando por una exhibición sobre espionaje cuando, en una sección dedicada a los agentes dobles de la Segunda Guerra Mundial, me topé con esto:


Vaya, resulta que el tal Joan fue un agente doble colaborando con el mando aliado. No sólo eso, sino uno de los más importantes. De hecho, un agente cuya misión fue convencer a los alemanes de que los aliados atacarían por Calais en lugar de por Normandía, haciendo que bajaran la guardia en el lugar clave y asegurando así el éxito del desembarco. Teniendo en cuenta que se considera el desembarco de Normandía la operación que cambió el curso de la guerra, podemos decir que Joan Pujol García fue un hombre clave en asegurar una Europa libre del yugo nazi. No podía quedarme sólo con esto, así que me apresuré a la tienda del museo a comprar un libro parcialmente escrito por el propio Joan y que cuenta sus peripecias como espía.


Aún voy solo por las primeras páginas y ya estoy quedando perplejo. Acabo este artículo con una cita sobre su infancia y unas preguntas que me quitan el sueño:
A pesar de que la atmósfera en casa era tan marcadamente catalana, ni mis padres ni nadie más sentía ese impulso separatista puesto que nosotros éramos españoles primero y ante todo[1].
¿Cómo es posible que no haya calles, estatuas, pasajes en libros de texto y un largo etcétera de reconocimientos en honor de un español tan relevante? ¿Qué ha pasado en los últimos 100 años para que un sentimiento fuertemente identitario catalán sea incompatible con una defensa de la nacionalidad española? ¿Tan alargada es la sombra del Franquismo?

[1] La traducción al castellano es mía, la cita en inglés es "But although the atmosphere at home was so strongly Catalan, neither my parents nor anyone else felt the sting of separatism for we were first and foremost Spaniards"

viernes, 12 de julio de 2013

La historia de José Español

José Español tuvo una vida difícil. Sus problemas empezaron a temprana edad, en el colegio, cuando sus compañeros lo repudiaban por no traerse la comida en un tupperware como hacían ellos, la madre de José sólo tenía fiambreras y tenía que conformarse con ello. El hecho de que José fuera un apasionado del balompié mientras sus compañeros querían jugar al fútbol no ayudaba.

José Español sobrevivió al colegio haciendo de tripas corazón, y cuando pasó al instituto buscó nuevas formas de socializarse; preguntó si existían actividades extraescolares como senderismo o correr (a José siempre le gustaron las actividades al aire libre), pero lo más parecido que encontró fueron los clubes de trekking, footing y jogging. Se conformó y al principio todo fue bien, hasta que en una de las excursiones José se enzarzó en una discusión sobre qué engordaba más, si el bacon o la panceta, y el ambiente se enrareció demasiado para seguir siendo parte del club.

Al acabar el instituto José Español decepcionó a su padres con su elección de carrera profesional. El padre de José le había aleccionado durante años para que cursara Business Managemet, pero José ya había puesto su corazón en una carrera sobre Gestión de Empresas. José y su padre estuvieron mucho tiempo sin hablar, José intentaba recuperar su favor mandándole copias de sus excelentes notas por correo electrónico, pero su padre solo atendía a lo que le llegara por email.

Tras mucho esfuerzo José acabó primero de su promoción y consiguió un puesto en una gran empresa, pero pronto se convirtió en el hazmerreír de sus colegas reviviendo momentos de su infancia: José había llegado dispuesto a comerse el mundo con su agenda electrónica, su tableta digital y su teléfono de última generación, pero en aquella empresa para que a uno lo tomaran en serio se necesitaba una PDA, una tablet y un smartphone. Agobiado, José intentó hablar con Recursos Humanos para que tomaran cartas en el asunto alegando un caso de acoso laboral, pero los responsables de turno alegaron que sólo podían actuar en casos de bullying o mobbing.

José acabó por entender que no había nacido para este mundo, la modernidad que lo rodeaba y lo invadía por todas partes era más fuerte que su carácter simple y castizo. Cedió y empezó a comprarse los mismos gadgets que sus compañeros, a practicar las mismas actividades para relajarse, a atender los populares lounges de chill-out. Y así, poco a poco, José Español dejó de ser español, entendiendo por fin que en esta era de progreso nuestro idioma se queda corto para llevar una vida plena.

martes, 17 de julio de 2012

Londres se prepara

Amigos y amigas, Londres 2012 ya está casi aquí. Cuando faltan tan solo 10 días para que los Juegos Olímpicos den comienzo la ciudad hierve de actividad. Ni siquiera el tremendo mal clima que nos azota (lluvias constantes y máximas en torno a los 18º) es suficiente para templar los ánimos: es imposible no embaucarse en lo que está a punto de suceder. O está sucediendo, porque todo es olímpico estos días.

Para empezar, el transporte. Siendo Londres una ciudad no diseñada para el tráfico rodado y que ya tuvo que introducir un "cargo de congestión" para aliviar el tráfico en el centro convirtiéndolo en zona de peaje, estaba claro que se iban a necesitar medidas especiales. Así pues, siguiendo la estela china, Londres ha creado una serie de carriles olímpicos donde solo coches oficiales pueden viajar:



Por otra parte, al metro también le ha tocado una buena sacudida. Para asegurarse de que estarán preparados para soportar la carga extra de gente ante cualquier eventualidad el metro de Londres lleva un par de meses haciendo tests de todo tipo: cerrar estaciones, tumbar el sistema a propósito, desviar trenes... y además, siguiendo la tradición de cortesía inglesa, para muchos de estos ensayos se ha avisado al público con antelación, colocando carteles por doquier con anuncios como "El próximo día 7 las entradas norte y este de esta estación permanecerán cerradas como ensayo para los Juegos Olímpicos. Disculpen las molestias".

Algunas estaciones, especialmente las colocadas cerca de recinto olímpicos, han cambiado su organización para mejorar el flujo de gente. Por ejemplo, Earl's Court, situada junto al recinto que albergará las competiciones de voleibol, ha decidido que uno de sus accesos será solo de entrada y el otro solo de salida, y ha colocado carteles desde y hacia el recinto para orientar a la gente según convenga. También se incluye, desde prácticamente cualquier estación céntrica, señales orientativas que indican al viajero qué dirección debe tomar para llegar a cualquier recinto olímpico; incluso si el acceso no es por línea directa desde esa estación la señal orientará al viajero hacia el mejor transbordo. Las señales están diseñadas en un distintivo y característico rosa fucsia que me ha llevado a bautizar esta edición como los Olympink Games.

Finalmente por si todo esto no fuera suficiente, el metro de Londres se ha aliado con Virgin Media para instalar wifis de acceso gratuito en las principales estaciones de Londres y poder así comprobar el estado del transporte en cualquier momento. No tendrás cobertura con el móvil, pero podrás conectarte a Skype y hacer una llamada, je, je.  

Pero Londres 2012 es más, mucho más. Es un festival de arte que se expande por todo el país. Es Shakespear en 32 idiomas. Es marcas y emblemas por toda la ciudad, como estos anillos olímpicos colgados del Puente de la Torre en un magnífico atardecer sobre el Támesis.


Olvida el clima y recuerda todo lo demás.



viernes, 29 de junio de 2012

How to hate the public health system in 10 easy steps

United Kingdom. You need to register for a GP, buy you're foreign so you're not quite sure about the process. You check the golden source: the Internet. This is how it goes.

  1. Find the website of the NHS, the public health body. A fairly nice website I must say, well structured. Go to the section "Find a GP"
  2. Introduce your postcode to get results near you and check the options that apply. In my case: practitioners that accept appointments at 8am and practitioners that provide travel vaccines. Get one promising result.
  3. Read carefully the procedure to apply. There is a form on-line that needs to be printed and filled, nothing else seems necessary.
  4. Go early in the morning to the practitioner and hand the paper. The practitioner rejects the form claiming that they use their own ones (even though mine is from the official NHS website). Also they request proof of address.
  5. Back home to pick a bank statement as proof of address. Back to the practitioner, provide papers. The clerk discusses for 10 minutes with her colleagues whether they know my address and whether they should accept me. They look in a map and affirm that there's another one closer to my house and advise me to register in that one.
  6. In reply, I indicate that I know of the existence of the other practitioner, but I came specifically to this one due to the timetable and the travel vaccines (not provided in the other one). They indicate that travel vaccines are only provided after being registered for 6 months, hence I'll have to go private and pay out of my pocket.
  7. Accepting that major drawback (the vaccine is the only reason for which I was registering) I decide go register anyway, you never know. The "local" form that I'm requested to fill looks exactly the same as the one I brought. After filling the form, the clerk uses it to type the details on a computer, it makes me wonder what difference it made if the damn thing is to go on a computer.
  8. They claim the postcode of my precious address, EC2A 3AH, isn't valid. I need to bring up Google Maps in my phone to prove them wrong; it makes me worry about the core competences of a bunch of people who can't even read postcodes.
  9. After typing in data clerk announces I need an introductory appointment and mentions Wednesday at 4:40pm, I request any day at 8am. "We don't arrange any appointments before 9am". I indicate that according to the official NHS website they do, which is one of the reasons I chose this practitioner. "I don't know anything about that website, but we don't arrange appointments before 9am". It makes me worry that an NHS employee doesn't know about the official NHS website nor its contents.
  10. I lose faith in the process and ask the clerk to cancel the registration, I will register somewhere else. Reply is the registration is now effective and cannot be cancelled easily, it will take some weeks to de-register. Weeks, they say. I give up and simply leave.

If this is what my tax goes to I'd rather have the NHS completely shut down.

martes, 26 de junio de 2012

San Petersburgo: sol sobre el paralelo 59

Tras ese viaje en tren en el que pensaba que mi vida iba a acabar llegué bien temprano a San Petersburgo. Con el mal sueño y el humo de tabaco matutino (en Rusia se fuma una barbaridad) empecé el día con cierto malestar que no mejoró al comprobar el escaso conocimiento local del inglés (ni tan siquiera al entrar a un Service Centre donde, según la señal de la puerta, se hablaba inglés), así que me metí un buen desayuno entre pecho y espalda mientras planeaba por mi cuenta el estudio la ciudad.

Mi exploración estuvo principalmente basada en la historia de la ciudad. San Petersburgo fue creada a principios del siglo XVIII por el zar Pedro I el Grande como punto de defensa contra una imposible invasión sueca, por lo que lo primero que se construyó (y lo primero que visité:) fue una imponente fortaleza a la orilla del río.

La fortaleza sigue el patrón básico de todo kremlin ruso: una gran muralla con torreones defensivos que alberga una pequeña ciudad. Algunas de las construcciones interiores conservan su utilidad original, como la gran iglesia central utilizada para enterrar a los zares de Rusia.

Sepulcro de Pedro el Grande


Otros evolucionaron en usos cada vez más perversos, como la prisión común en el lado oeste que acabó convertida en prisión política durante la revolución bolchevique y donde se encarcelaba a delincuentes cuyo único delito era "no ser proletario". Finalmente, muchas de las estructuras han sido recondicionadas como museos, entre ellos destacando el museo aeroespacial ruso donde se puede encontrar hasta una auténtica cápsula soyuz utilizada para la reentrada desde la estación espacial internacional; hay que decir que no hay ni el más pequeño punto de comparación con el museo equivalente en Washington DC, pero aún así resulta interesante.


Según se desarrollaba la actividad en torno a esta nueva fortaleza Pedro el Grande tomó una segunda decisión: trasladar la capital del imperio ruso a la recientemente creada San Petersburgo. Con este movimiento perseguía dos objetivos, por una parte influir sobre la oligarquía para que se trasladara a la ciudad septentrional y colaborara de forma implícita en su desarrollo (con la oligarquía vienen sus necesidades, lo que fomenta la creación de un saludable mercado) y por otra centrarse en las oportunidades comerciales que el mar del norte ofrece, muy por encima de las de una Moscú conectada por malas carreteas y un río que solo conduce al mar Báltico.

Con tan creciente población y de tantas condiciones una simple fortaleza no basta, y se lanzaron varios proyectos de urbanización de la zona con el ojo puesto en la riqueza que vendría. Como se ve en el siguiente mapa, la fortaleza está frente a un recodo del río al que miran tres grandes lenguas de tierra, por lo que el diseño urbanístico tomó el río como plaza central y tierra firma como el lugar donde edificar.

Vista aérea de la "plaza central", con la fortaleza al norte, la puerta del mar a la izquierda y los palacios a la vera de la margen sur del río.


Así, al oeste se construyó el almirantazgo y la Puerta del Mar, un muelle más decorativo que funcional pero que servía de entrada de gala a la ciudad.


Mientras tanto, al sur, se construyó una línea de palacios, todos ellos con su fachada principal mirando al mar y que darían a conocer San Petersburgo con el sobrenombre de "la Venecia del norte".


Finalmente, no solo de palacios vive el hombre, y mis siguientes pasos se encaminaron hacia el último signo del desarrollo de esta gran urbe: la avenida Nevski, principal arteria comercial de la ciudad. Con su inicio cercano al Palacio de Invierno, la avenida Nevski se extiende cerca de 4.5 km. Es una calle recta, alineada con el desarrollo del sol e iluminada durante esos días de mayo desde las 5:00 hasta las 22:30 (benditas noches blancas). Su arquitectura es una sucesión de maravilla tras maravilla, con algunos canales que cruzan al más puro estilo Amsterdam e incluso catedrales que poco han de envidiar a sus parientes moscovitas.


En resumen, solo un día pasé en esta ciudad, pero fue un día más que merecedor de aquella mala noche que pasé en compañía de tres gigantones rusos totalmente estereotipados. Aconsejo una visita ante la menor oportunidad.

lunes, 4 de junio de 2012

Compañeros de viaje II: Rusias y leyendas

Mi amiga, en cuyo hotelazo de cinco estrellas me estaba alojando, me había advertido por activa y por pasiva de los peligros de Rusia. Trata de evitar el metro, pide un taxi. Usa taxis registrados, nada de gente ilegal que va por la calle haciéndote ofertas. No vayas a zonas poco transitadas. No te pasees por ahí con un mapa en la mano como el perfecto guiri. Y otro sinfín de advertencias. Al final resultó que tamaña precaución no era necesaria, tomé el metro y me paseé por las calles de Moscú con total comodidad, pero lo cierto es que en parte había conseguido meterme el miedo en el cuerpo.

Sucedió que quería pasar mi tercer día ruso en San Petersburgo, para lo que lo más conveniente era coger el tren nocturno. Con los temores inculcados por mi amiga decidí no aventurarme por mi cuenta en el sistema de trenes rusos y pedí al personal del hotel que hicieran la reserva por mí. Con mucho gusto señor, estos son sus billetes y este su horario, le facilitaremos un taxi a la estación para que no se pierda. Mira qué majetes.

Y, con tantas atenciones, llego al camarote de mi coche cama que he de compartir con otros tres individuos, acordándome de lo bonito que puede ser conocer nuevos compañeros de viaje, contento por la experiencia que podía venir. Estaba yo pensando en esto, en tal vez conocer a gente joven con quien pasar el día en San Petersburgo, cuando tres gigantones rusos entran por la puerta sin decir ni hola.

Aquellos no hablaban inglés y mi ruso estaba aún en proyecto, así que perdida toda posibilidad de conversación saco mi libro y me dispongo a leer cuando los rusos hacen lo propio y un escalofrío helado me sube por la espalda: el gigantón número uno ha sacado una revista en cuya portada se pueden ver dos machetazos y una pistola, mientras que el gigantón número dos lleva otra con un bonito pero probablemente poco ecológico tanque verde. Se ponen a hojear y entre caracteres rusos veo fotos a todo detalle de rifles de asalto, hachas y cuchillos a lo Rambo. En uno de estas aparece un cañón de artillería pesada, de los que el artillero ha de sentarse encima para maniobrar, y el grandullón de al lado lo señala sonriendo y haciendo algún comentario... parece que le gusta el juguetito, igual se lo está pidiendo para Navidad. ¿Dónde zarajos me he metido?

A pesar de las múltiples advertencias sobre los peligros de Rusia resonando en mi cabeza hago acopio de optimismo y trato de convencerme de que tal despliegue de instrumentos librar muerte no significa nada... al fin y al cabo uno puede leer revistas de coches y no por ello tener un Ferrari, ¿verdad? Tal vez solo sean revistas de caza, me digo, con cañones y rifles de asalto, sí, pero es que igual en Rusia la caza se la toman muy en serio. Igual les gusta desintegrar osos de un cañonazo y recoger los restos con mocho. O igual son traficantes de armas y están estudiando el mercado para ver qué acuerdos tienen que hacer con la mafia rusa de San Petersburgo cuando lleguemos. No sé.

Mi cabeza está dando vueltas y me empiezo a preguntar si realmente estoy a salvo con estos sujetos en el camarote. Sigo buscando explicaciones que me tranquilicen, razones por las que uno podría ir por la vida al tanto de lo último en tecnología machetera. Se me ocurre que tal vez si supiera el título de la revista me daría una pista sobre el contenido, así que me decido a utilizar mi escaso ruso aprendido en los dos últimos días. Empiezo: ka... Esa letra rara es una L, kala... Eso que parece una C es en realidad una S, la H es una N, la N invertida es una I... ¡Ajá! Ya lo tengo: Kalashnikov. Mierda.

La revista se llama Kalashnikov, el nombre del rifle de asalto típico de las resistencias independentistas. El preferido de Bin Laden, que hasta solía llevárselo a la cama cuando iba a dormir. Voy a pasar la noche encerrado en un camarote con tres rusos que se entretienen leyendo una revista sobre armamento llamada Kalashnikov. Maldita sea mi estampa, yo no llego a San Petersburgo. Al menos no vivo. O no entero. O qué leches, seguro que no llego en absoluto pues los tipejos lanzan mi cadáver al exterior para evitar situaciones embarazosas en destino. Voy a acabar mis días en la tundra presiberiana mientras un lobo estepario me mordisquea los higadillos.

Los rusos apagan las luces y yo me acurruco en el catre e intento dormir, recordándome que nos han revisado los pasaportes a la entrada y por tanto no puede ser tan fácil delinquir aquí dentro. Intento dormir, pero constantemente me imagino a uno de los gigantones levántandose despacio a la luz de la luna que entra por la ventana y rebanándome el cuello con un machete. Y luego comentando con sus compañeros, "pues sí que es bueno el cuchillo, mira que corte más limpio, voy a mandar una carta a los de la revista para felicitarles".

Al final fueron todo suposiciones mías, llegamos a destino perfectamente a salvo y pude disfrutar de un gran día en la segunda capital de Rusia. Pero carajo, vaya noche pasé.

martes, 8 de mayo de 2012

Azul

Una de mis lectoras más atentas me pidió recientemente una emoción. Tal cosa es de lo más difícil que se me puede pedir, hace falta tomar un sentimiento, romperlo en sus elementos constituyentes básicos y transformarlos en palabras... puede tomarme días o incluso semanas completar el proceso.

Por eso espero que, mientras tarareo esa emoción, estas simples líneas nacidas ya hace unos años y rescatadas de la memoria puedan servirle de aperitivo:

Azul sobre blanco y el brillo de la sorpresa.
Un lago en la nieve que refleja la luz del sol,
una espada que danza para clavarse en la razón.
Soledad que quiere seguir sola,
corazón que está en la cuerda floja.
Dos trozos de cielo,
dos gotas de vida.

De esos ojos me enamoré.



lunes, 16 de abril de 2012

Vida offline

Con el advenimiento de la banda ancha móvil y el abaratamiento de los teléfonos inteligentes hemos poco a poco entrado en un fenómeno que llamo hiperconectividad. Nuestros móviles hacen de todo, se dice que un iPhone cualquiera tener mayor poder de cómputo que el ordenador de abordo del Apolo XI, y lo explotamos hasta el extremo. Mientras escuchamos música mandamos unos enlaces a Twitter, tras la cual comentamos las fotos de un amigo en Facebook, contestamos el correo y mandamos unos cuantos mensajes para la quedada de mañana por la noche (mensajes que pueden viajar en formato SMS, WhatsApp o para algunos incluso Skype).

Ver a viandantes cabizbajos con ojos bizcos mirando al móvil se ha convertido en una estampa común, dependencia similar a la que experimentamos a veces con la wifi. Yo mismo confieso que me falta tiempo para sacar el móvil en cuanto salgo del metro y recupero la cobertura para poder continuar esas conversaciones que dejé a mitad cuando entré. Y de hecho así iba yo el martes pasado, móvil en mano poniéndome al día por WhatsApp con una amiga de vuelta a casa por la noche, cuando me robaron el móvil.

La policía y la compañía fueron notificados para bloquear el móvil y la tarjeta SIM. Los agentes harían sus pesquisas por la zona (aunque ya me advirtieron de la baja probabilidad de recuperar mi iPhone), mientras que la compañía se comprometió a mandarme una SIM nueva para que pudiera seguir disfrutando de mi contrato con mi número. Por supuesto tardaré un par de semanas en decidir qué móvil quiero a continuación y adquirirlo, pero mientras tanto puedo agenciarme con el móvil más barato de la tienda e ir tirando... o eso pensé.

Mis primeras conclusiones de esos días sin móvil fueron lo muchísimo que lo uso, más incluso de lo que pensaba. Además de la mencionada hiperconectividad echaba mano del móvil en el supermercado para consultar la lista de la compra. También al doblar la ropa limpia, pues suelo escuchar podcasts. Oh, y en cualquier momento que veo algo interesante en la calle, cuando tomo una foto y la publico en Twitter. Y, por supuesto, algo tan mundano como mirar la hora.

No tengo reloj de pulsera, por lo que mi móvil es al mismo tiempo mi reloj y mi alarma. Lo de las mañanas lo he conseguido solucionar con el iPad, pero la hora... simplemente me he resignado a no saber qué hora es. ¿Y sabéis qué? No es tan malo. El viernes fui a un bar tras el trabajo con unos amigos, tomamos unas copas, conocimos gente nueva, pasamos un buen rato... y en ningún momento supe qué hora era. Cuando me quise dar cuenta estaban cerrando el bar y nos estaban pidiendo que nos marchamáramos; eran las 3:00, llevábamos siete horas ahí metidos. Y me gustó.

Resulta refrescante romper con la hiperdependencia de la hiperconectividad. Es liberador poder hacer cosas sin pensar más que en el momento en el que vives, no en qué están diciendo otras personas en Twitter, qué fotos se han subido a Facebook o, simplemente, qué hora es. Simplemente aquí y ahora, lo muy muy local, lo que ocurre en tu alrededor inmediato... que es al fin y al cabo lo único que te afecta directamente. Tras tantos seminarios, charlas y simposios sobre social media, resulta que mi mayor revelación reciente viene de perder el móvil y redescubrir mi vida offline.

Pensándolo bien creo que no voy a comprarme móvil nuevo, al menos no todavía. Disfrutaré durante unos días de la comunicación intermitente y de la disponibilidad del ahora. Al fin y al cabo el tiempo es finito, y el que dedicas a permanecer en contacto con los que están lejos lo pierdes con los que están cerca. Inténtalo, experimenta, apaga el móvil durante una semana entera y dime qué tal te sientes. No te arrepentirás.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Late night realisations

Sarah: Oh, so you do have metro 24h
Jam: No honey, this is the fist train in the morning, it's already 6am
S: Really? So we've been drinking all night? But it's only Tuesday!
J: Yeah... Welcome to Spain.

viernes, 9 de marzo de 2012

¿Quién atrae a quién?

Este es un pensamiento que me ha asaltado en el metro de camino al trabajo. La mujer sentada a mi derecha estaba leyendo una de estas revistas con colores vivos, páginas en brillo y muchos anuncios, y uno de estos anuncios era sobre un nuevo perfume. El anuncio incluía una doblez que, al desplegar, contenía una muestra de la fragancia, y la mujer se ha mostrado presta a desplegar y oler.

"Qué estereotípico de mujeres, eso de los perfumes", he pensado. Y mi hilo de pensamiento ha seguido hacia maquillaje, zapatos, vestidos, joyas, accesorios... todos esas herramientas de belleza que las mujeres suelen manejar a la perfección y que para los hombres son un misterio tan absoluto. Tan natural de la mujer eso de asegurarse de tener un aspecto atractivo.

¿Pero es realmente natural? Si nos fijamos en otras especies es casi siempre el macho el que exhibe colores, plumas y melenas. Es el león el que presume de pelaje, no la leona. Ese el pavo real macho el que despliega su abanico. Es el canario el que le canta a la canaria. En resumen, es el macho el que atrae. La evolución ha enseñado a las hembras a que su carga de óvulos es demasiado valiosa para entregársela a cualquier macho, y los machos han desarrollado métodos para demostrar que son fuertes, sanos y por tanto válidos. ¿Por qué los humanos lo haremos al contrario?

Tal vez sea una cuestión sociológica, que le ha ganado la partida al aspecto evolutivo. Con el desarrollo de la sociedad la preocupación por la perpetuación de la especie es cada vez menor, a pocos le quitará el sueño pensar que el ser humano se va a extinguir. Eso, unido al hecho de que durante muchos años el poder ha sido ostentado por hombres (y aún lo es en gran medida), puede haber movido el poder de decisión sobre quién elige y quién seduce: con la especie fuera de peligro y los hombre en el poder es la mujer la que quiere (o ha querido) ser una buena candidata para ser elegida por el hombre; puede que muchos/as se lleven las manos a la cabeza ante este comentario, pero no olvidemos que durante muchos siglos los matrimonios han sido una cuestión de acuerdo, de negocios, y que esto puede haber creado la tendencia que comento.

Lo que me pregunto es si, ahora que caminamos hacia un mundo igualitario donde hombre y mujer ostentan similares cargas de poder, las mujeres dejarán de preocuparse por "ser elegidas" y empezarán a dejar a un lado la industria de la belleza.

martes, 21 de febrero de 2012

Conectando con Jesús

Captado con el iPad en la parada de metro de Barons Court de la District Line en Londres.




Esto es seguro cosa de Steve Jobs, que está ahí arriba modernizando el paraíso.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Grrr, bark, woof

It is important to keep a healthy sense of humour... This is the sort of stuff you'd find around my new office:




sábado, 21 de enero de 2012

Emigración por deseo

Como muchos de nuestros lectores y lectoras saben (algunos incluso por experiencia propia), la falta de oferta laboral en España está llevando a muchas personas a emigrar. Este hecho es en general visto como algo malo, una lacra de nuestra mala situación económica, e incluso los medios lo presentan como un gran daño causado por esta crisis por la que pasamos.

Ahora bien, ¿es realmente la emigración tan mala? ¿O la estamos más bien demonizando? Está claro que, cuando la situación personal de uno fuerza a emigrar como única opción, uno no puede alegrarse demasiado, pero eso no significa que emigrar no tenga sus beneficios. Es más, desde mi punto de vista, estos beneficios son tan grandes que la emigración debería ser contemplada no solo como último recurso, sino como objetivo para el desarrollo personal y profesional.

Algunos de los beneficios que se me pasan por la cabeza son:

- Idioma. No se trata simplemente del inglés, que lo desarrollaremos en mayor o menor medida casi en cualquier país que visitemos, sino del idioma local del país que visitemos (francés, alemán, chino...). Aún si emigramos a un país hispanohablante aprenderemos los diferentes usos del español, cosa que nos ayudaría a entender mejor a nuestros parientes al otro lado del Atlántico.

- Diversidad. En España tenemos unos fuertes vínculos familiares que hacen que rara vez queramos abandonar nuestra localidad de nacimiento. Pero también hace que, quitando Madrid y Barcelona, las ciudades españolas sean muy poco diversas. Cuando en tu día a día integras todas las culturas tu mente se abre a ideas inesperadas. Cuando vivía en Valencia me creía el más cosmopolita por salir con una chica de Castellón (¡de otra provincia!). Algo mágico sucede cuando ves como perfectamente corriente trabajar con un polaco con jefe nigeriano, vivir con un australiano y salir de fiesta con una vietnamita; el mundo, de pronto, es mucho más pequeño.

- Gobierno. Diferentes países son gobernados de diferente manera, y vivir estas otras formas te hace pensar. Por un lado, te ves expuesto a políticas que acostumbrabas a rechazar frontalmente en tu país de origen pero que al experimentar personalmente descubres que no son tan malas como pensabas. Por otro lado, te das cuenta de que algunas de las medidas que criticabas en tu propio país son realmente ejemplares, pues otros países las llevan mucho peor.

- Individualismo. Se suele decir que en España somos muy sociables, aunque tras mi experiencia en el exterior yo creo que somos más bien gregarios. Basamos nuestra vida social principalmente en un grupo más o menos constante de amigos y rara vez nos aventuramos fuera de él. Es más, rara vez acometemos una actividad social en solitario: ¿alguno de vosotros ha dicho alguna vez algo como "me encantaría apuntarme a clases de piano pero no tengo con quien ir"? Cuando uno va al extranjero lo hace normalmente solo (o sola), maximizando su crecimiento personal; es bueno tener gente con quien compartir buenas experiencias, pero más bueno es no necesitar compañía como requisito.

- Emprendedurismo. Marchar al extranjero ya es una actividad emprendedora en sí misma, es una búsqueda de experiencias. Pero, además, en el extranjero probablemente conocerás a gente que han tomado el mismo camino por motivaciones similares: carrera, oportunidades, cultura, idioma... Estas personas con grandes inquietudes son normalmente el mejor punto de partida para proyectos emprendedores.

- Ideas. Gran parte de las mejores ideas han sido ya obradas en alguna parte del mundo, pero aún no han llegado a España. Salir, descubrir, volver e implementar sigue siendo una de las mejoras formas de innovar. Puede que la gastronomía sudafricana tenga grandes oportunidades en el paladar español. Puede que el mobiliario urbano típico de Buenos Aires tenga un tremendo potencial en Madrid. Viajar y explorar sigue siendo la mejor forma de obtener nuevas ideas, el mundo siendo un gran laboratorio del que aprender.

En resumen, la emigración es una excelente (y denostada) fuente de conocimiento y desarrollo, algo que todo el mundo debería vivir. Personalmente, creo esta crisis debería ser considerada no la desafortunada causa que está obligando a muchas personas a emigrar, sino una gran oportunidad para que españoles y españolas descubramos este recursos tan desaprovechado.

lunes, 9 de enero de 2012

Amar

Amar es encontrar. En un tren, en un bar. Encontrar a quien te obnubile, alguien cuyos ojos no puedas evitar. Su pelo brilla, su sonrisa te desarma. Es encontrar una frase para romper el hielo, el coraje de pisar el ruedo. Es quedarte prendado por su humor, su picardía. Amar es demostrar tu valía. Es tocar, suavemente, sin excesos; es mirar, controlar los silencios, el tempo. Las palabras, los gestos.


Amar es arriesgar. Dudar. Con la mano en el teléfono te preguntas si es pronto para llamar o si deberías esperar otro par de días. Es tratar de hallar la línea que divide lo correcto de lo tímido, lo osado de lo grosero. Es un delicado tira y afloja hacia un objetivo que, sin ser desvelado, debe ser evidente.


Amar es disfrutar. Gozar de la complicidad creada. Es la sonrisa tonta que te asoma cada vez que te besa por sorpresa. Es pasar noches en vela compartiendo miradas sin necesidad de mediar palabra. Es disfrutar. Reír por todo y por nada. Convertir cada momento en algo especial, irrepetible. Es la cara de sorpresa de tus amigos y amigas cuando explicas la causa de ese nuevo brillo en tus ojos. Es despreocuparte de ti mismo, y adorarlo.


Amar es temer. Es mirar su cuerpo desnudo sobre la cama mientras duerme, tratando de registrar cada curva, cada peca. Es acariciar su piel temiendo verla desaparecer tan pronto la toques como si de una ilusión se tratase. Amar es temer. Es aceptar que tu vida ya no depende de ti, que ahora es otra persona quien podría decidir hoy, mañana o el lunes que hasta aquí llegó tu felicidad. Es pender de un hilo. Es temer por dos.


Amar es encontrar. Es dar con la persona por lo que todo lo anterior no es simplemente una opción, sino que es la única. Es encontrar, no en el plano físico, sino en el espiritual. La pieza que te completa, la que cambia tu escala de prioridades. Tu vida.

Amar es encontrar.

Encontrar...




martes, 3 de enero de 2012

Un pino en el retiro

Recientemente he cambiado de empresa y, para que conozca a todos los miembros del equipo, mi jefa ha decidido mandarme en peregrinaje por las oficinas para ir tomando contactos. Y, como con todo viaje, descubres las diferencias.

Al pasar de una megacorporación internacional a una de tamaño medio descubres que no todas las oficinas están en localizaciones céntricas, es más, hay algunas, como la que acabo de visitar, que están en lo más recóndito de la campiña inglesa. Solía utilizar salsa de reuniones con vistas a la catedral de St Paul, mientras que ayer estuve en una sala desde la que podía ver... tres vacas.

Al acabar la jornada, rigurosamente a las 17:30 pues la carga de trabajo está controlada (si necesitas hacer horas extra debes confirmarlo con tus jefes antes, pues esto puede significar que tu carga es excesiva), me dirijo al hotel. Mi Premier Inn está igualmente en mitad de la nada, y al ser un hotel para viajes de negocios cortos no tiene gimnasio, piscina ni nada similar... total, que nada para hacer. Estoy en la habitación, solo, aburrido, tratando de averiguar en qué podría invertir el tiempo.

"Voy a hacer el pino".

Y me pongo a tirarme contra la pared tratando de mantener la vertical invertida cuando mis pies tocan yeso. Mi técnica no es muy depurada y me pego unos cuantos guarrazos contra la pared. En uno de los intentos me caigo al suelo en mala postura y me crujen tres cervicales; decido que necesito estudiar mis movimientos con detalle, así que echo mano de la tecnología y me pongo a grabarme con el iPhone mientas sigo buscando el pino que hay en mí (más bien parecía un alcornoque, oigan).

Tras visionarme un par de veces decido que no quiero seguir probando, que lo mío no es el mundo vegetal, pero ya que estoy en modo ejercicio me pongo a recordar las clases de yoga: volteretas hacia atrás, saludo al sol, bebé feliz... Luego me dar por hacer piruetas de ninja y me rozo los pies con la moqueta, que era un tanto tosca. Y hasta aquí podríamos llegar, que el ejercicio a lo yamakazi está muy bien, pero solo mientras mantenga intacta mi integridad física.

"Relajémonos", me digo, y busco el mando de la tele. Pero, oh qué sorpresa, no tengo un mando sino dos, así que la abundancia de recursos y la falta de una programación aceptable me motivan a inventar un nuevo deporte: el zapping extremo. Miren con qué rapidez puedo cambiar canales, ¡a tope!





Con eso puedo cambiar de canal antes incluso de que sintonice, por lo que no me da ni tiempo para aburrirme con lo que echan... Pero tras darle tres vueltas completas a la lista de canales (y hay un par de cientos) se vuelve un poco aburrido, así que apago con el mando A y decido recurrir a los clásicos que siempre funcionan: Me voy al bar, me tomo una pinta y me meto chuletón entre pecho y espalda. Y a dormir como un bebé.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Yonquis de la wifi

Desde que emigré a Londres y me compré mi primer iPhone he venido notando cómo mi adicción a la conexión a Internet ubicua se incrementa. Con mi superplan de datos puedo conectarme en cualquier momento. Ya no miro un mapa antes de salir a una dirección desconocida, consulto Google Maps por el camino. Escribo correos en el autobús. Actualizo Facebook. Compruebo mis menciones en Twitter. Y, cuando llego a mi destino, hago check-in en Foursquare.

Pero, ay, cuando vuelvo a España y mi plan de datos no incluye itinerancia me siento desvalido... y arrastro por doquier mi síndrome de abstinencia, móvil en alto tratando de captar redes wifi abiertas. A ver si hay suerte y algún vecino ha puesto una clave sencilla. A ver si el bar de la esquina se tira al rollo y pone una wifi abierta. ¡Tate! ¡Aquí pillo una! Y te quedas anclado al suelo, aprovechando para contestar a los mensajes que hayas recibido en WhatsApp, con tus amigos/familiares/media naranja estirando porque llegas tarde y tú tan estático como los ojos de Espinete, reticente a abandonar el hot spot.

En 2008 fueron noticia dos leridanas (o lleidatanes, como gusten) por recibir tratamiento para paliar su adicción al móvil, hecho que se repitió en muchos otros jóvenes. A principios de año varios medios se hacían eco de uno de los temas tratados en el foro económico de Davos: la adicción de las redes sociales. Y muy pronto los expatriados como yo tendremos que mirarnos bien lo de nuestra wifi-dependencia.

Diario de un robasueños (duerme cuando puedas)

Miércoles, 7:00 - Suena el despertador
7:30 - Me levanto, me ducho, me afeito.
8:00 - Bajo al bar del hotel a zamparme mi desayuno de fruta, zumo, tostadas, huevos pochados, longanizas, champiñones y tomates a la parrilla.
8:45 - Registro mi salida en el hotel y tomo un taxi camino de la oficina satélite.
9:00 - Comienzo la jornada ultimando detalles de la primera tarea que se me ha asignado en el trabajo.
12:30 - Comida en una cafetería tradicional inglesa, básicamente más huevos, longanizas, tomates, alubias...
13:45 - Retomo el trabajo, aunque dedico el resto del día a ayudar a un compañero a escribir un programa multihilo con componentes que no están preparados para concurrencia.
18:15 - Tomo un taxi camino de la estación de trenes.
18:40 - Tren camino de Londres.
19:10 - Metro, paseo, casa, veo a mi compañero de piso y nos vamos de cena para celebrar su ascenso y mi nuevo trabajo.
20:30 - Llegamos al asador argentino Constancia. Genial.
22:30 - Cervezas en casa y un campeonato de Mario Kart para compensar por los días que no nos vamos a ver.
00:30 (ya del jueves) - Empiezo a preparar la maleta
1:30 - Me acuesto
3:30 - Me levanto de nuevo. Paseo y tren para ir al aeropuerto.
5:00 - Llego a Gatwick, facturo, seguridad, desayuno.
6:30 - Despegamos.
10:00 (hora local) - Aterrizo en Valencia. Camino a casa, llamadas de familiares y amigos para coordinar los días.
12:30 - Me tumbo a echar un sueñecito.
14:00 - Quedo con mi hermana para tomar un café.
15:00 - Comida en casa de la abuela
17:00 - Siesta.
18:00 - Ducha, afeitado.
18:30 - Quedo con mi hermana para ayudarle con el regalo de Navidad de su novio
19:30 - Me voy al centro a comprar algunos regalos más.
20:40 - Estoy de vuelta en casa con las compras ya terminadas.
21:00 - Salgo con mi padre de cena para celebrar su cumpleaños.
21:30 - Cena en el restaurante La Albufera, en el hotel SH Valencia Palace.
00:10 (ya de viernes) - Dejo a mi padre en casa y me voy al encuentro de unas amigas para bailar salsa.
3:30 - Tras algo más de dos horas de salsa y bachata llego a casa y me acuesto.
8:30 - Ducha rápida, tengo cita para renovarme el DNI.
9:00 - Llego a comisaría y me confirman que mi cita no es a las 9:00 sino a las 10:00. Fail.
9:15 - Me echo un sueñecito.
9:45 - Me levanto y me lavo la cara para iniciar la operación DNI 2.0
10:00 - Fotomatón y renovación, ya voy documentado de nuevo.
11:00 - Visitas familiares varias.
14:30 - Comida en casa de la abuela.
16:00 - Siesta.
18:00 - Me quito las legañas.
18:15 - Me pongo al día con correos y quedo con las muchas personas que quiero ver en los próximos siete días.
19:00 - Café con amigos.
20:30 - Ducha y acicalamientos varios, hoy hay jarana.
22:00 - Cena con amigos: Campos, Alonso, Miguelito, el nuevo loro... casi toda la tropa al completo, solo ha faltado el Míster.
1:00 (ya del sábado) - Copas junto al espacio anteriormente conocido como "parque de las dos tetas".
2:30 - Los hermanos sobrios nos conducen al centro de Valencia.
3:30 - Entramos en Murray.
6:00 (hora aproximada) - Salimos de Murray.
6:30 - Pico algo y me voy a dormir.
11:00 - El vecino se entretiene con la clásica canica de acero y me despierta. Las insistentes llamadas de teléfono (cuyo terminal está junto a mi cabeza) acaban de hacer el estropicio. Me levanto.
11:30 - Durante las próximas dos horas y pico constato que no por tener más canales de TDT tienes mayor calidad televisiva. Bodrio tras bodrio, oigan.
14:30 - Comida en casa de la abuela.
16:00 - Amago de siesta, no consigo conciliar el sueño.
18:00 - Desisto y me levanto.
18:45 - Café con amigos
21:00 - Cena de nochebuena en casa de mi tía.
00:15 (ya del domingo) - Llego a casa de nuevo, en principio para preparme para salir otra vez... pero el cansancio acumulado me lo prohíbe. Aviso a mis amigos de que esta noche no.
1:00 - Tras luchar contra varios "venga hombre, no seas flojo" me acuesto. Esta vez para dormir 12 horas sin parar.

Y ya estoy listo para volver a empezar :-)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Felices

"Feliz Navidad", decimos estos días. "Feliz año nuevo", solemos añadir. Algunos recurren al más genérico "Felices fiestas", pero me pregunto cuántos de nosotros nos paramos a pensar en el quid de la cuestión: felices.

En estos días todos nos llenamos de buenos deseos y buenas intenciones, algunos nos sugieren que extendamos este espíritu al resto del año, pues no basta con ser buenos durante tres semanas y un poco gañanes durante las 49 restantes. Pero los deseos y las intenciones son para mí simplemente los medios para lo que me gustaría fuera nuestro verdadero objetivo: felices.

Son tres años ya de Gato Gordo, y un gran número de personas han leído estos textos. No siempre se os ve, no siempre hay respuestas en nuestros artículos (y lo cierto es que la mayoría suelen ser de nuestra querida Gris). Pero entonces me cruzo con un amigo que me dice "te leo siempre, estás en mi subscripción RSS", u otro que comenta"hay que ver cuánto te curraste aquella entrada", y entonces sois vosotros los que me hacéis feliz.

Además, tengo la suerte de tener a mi alrededor a gente no solo a la que quiero, sino a la que admiro. Gente con la que disfruto tanto en el ocio, ya sea tomando unas cañas o jugando al Mario Kart, como en el oficio, ya sea editando libros o participando en sesiones de compartición de código Java. Gente a la que siempre intento escuchar, porque siempre tienen algo que enseñarme. Gente que me hace feliz.

Es por eso que en estos días, más que feliz navidad, año nuevo o fiestas, quiero decir simplemente feliz. Os deseo a todos y todas la fuerza y el valor para hacer todo aquello que os proporcione felicidad. Haced lo que amáis, y todo lo demás vendrá solo.

Disfrutad.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hospitalidad por omisión

Mi súper mega híper querida ex-compañera de piso ha vuelto con nosotros durante unos días, la hemos echado de menos. Y, agradable como ha sido su visita, la cuestión es que me ha hecho pensar en lo que es la hospitalidad y como aplicarla.

Ella solía ser nuestra compañera de piso, lo que significa que se movía por casa a sus anchas. Al marchar buscamos otra compañera de piso, por lo que su regreso era solo como visitante, una de tantas personas que viene a verte y para la que preparas café. Al principio pensé que debía tratarla como a cualquier visita: sentarla en el sofá, dejar que se sintiera cómoda, ocuparme de todo para que ella no se tuviera que preocupar de nada... Pero entonces pensé que, dada nuestra historia, tal vez eso no sería lo que la haría sentir más confortable.

Así que en lugar de eso abrí la puerta, le planté dos besos y volví al sofá. Me preguntó si podía hacerse unas tostadas.

- Claro, ya sabes dónde está el pan. Por cierto, he comprado huevos esta mañana, si quieres uno están en el segundo estante de la nevera.

Exactamente como solíamos hacerlo cuando vivía con nosotros. Al rato le apeteció café, y se levantarlo a prepararlo sin más. Empezamos a ver House juntos, y como manda la tradición abrimos una botella de vino. Nos sorteamos quién iría a por el vino, exactamente como solíamos hacerlo, me tocó a mí y a ello fui.

Pasamos una velada encantadora, me hizo pensar que aún vivíamos los tres juntos... y, según lo que me contó después, así se sintió ella también. Y es que la mejor hospitalidad no es la necesariamente la que mejor sirve al huésped, sino la que más le hace sentir como en casa.