
Un espacio de debate, experiencias y pensamiento.
Un lugar para pensar, discutir y disfrutar.
Toda voz es bienvenida, hablemos.
viernes, 16 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El camino ¿correcto?
Escuchando el otro día un podcast de freakonomics aprendí bastante sobre suicidios (The Suicide Paradox). Uno de los puntos más curiosos es que las personas de raza blanca son mucho más dadas al suicidio que las de raza negra, y según muchos investigadores esto se debe a que las personas de raza negra suelen tener más factores externos a los que achacar su desdicha que los de raza blanca.
Entonces analicé este punto con más detalle. Pensé en el típico chaval de raza blanca en un colegio bien, no necesariamente de élite, sino por encima de la media. El chaval se deja los codos estudiando porque de siempre le han dicho que de esa forma entrará en una buena universidad. Y lo consigue, y una vez en la universidad se mata a seguir estudiando en lugar de disfrutar de la vida universitaria porque le han dicho que de esa manera entrará en una buena empresa. Y lo consigue.
En la empresa no le va bien, no está contento, pero le dicen que si se esfuerza obtendrá un buen aumento. Todo es sacrifico, así que el chico se aplica y lo consigue. Mayor sueldo, mejor ropa, pero sigue sin estar contento. Poco a poco se amarga, se dice que el trabajo no le gusta, no le vale la pena... o al menos no por lo que le pagan, que si ha de pasar por tales malos tragos debería cobrar más. Así que lucha por otro ascenso y otra subida. Y los consigue.
Y el chico, que ya es hombre, sigue caminando por ese camino que otros le han dicho que es bueno. Tiene más dinero que nadie, una mujer que todo el mundo desea, una casa que todo el mundo envidia, hasta un perro que se sabe todos los trucos. Pero no es feliz. Y se pregunta por qué. Por qué, si tiene todo lo que uno pudiera desear. Por qué, si ha llegado adonde todo el mundo desearía llegar. Su vida debería ser perfecta, pues ha alcanzado todos los hitos que definen "perfecta", pero él no lo siente así. Y dado que todo es perfecto, menos él, concluye que el problema reside en su interior y decide acabar con él.
Por supuesto lo que este chico debería haber hecho es aprender a distinguir entre lo que la gente puede entender por "perfecto" y lo que él siente como "perfecto". Un problema común, creo yo, es que afirmamos desear cosas que realmente nos resultan irrelevantes pero que son fáciles de desear: uno no podrá explicar fácilmente que su objetivo sea crear código de calidad, aunque todo el mundo simpatizará si dice que quiere conducir un Ferrari. Así que caemos en lo fácil, en el deseo comprensible. Y nos vemos abocados a luchar por algo que no queremos... y a justificarnos ante nosotros mismos por qué nos sentimos tan vacíos al conseguir los objetivos impuestos.
Finalizo esta reflexión con una frase que le dijo Warren Buffett, uno de los más grandes inversores de todos los tiempos, a su hijo Peter cuando este trataba de decidir si debía seguir los pasos corporativos de su padre o dedicarse a las artes escénicas: "hijo, haz lo que ames, todo lo demás es secundario".
Entonces analicé este punto con más detalle. Pensé en el típico chaval de raza blanca en un colegio bien, no necesariamente de élite, sino por encima de la media. El chaval se deja los codos estudiando porque de siempre le han dicho que de esa forma entrará en una buena universidad. Y lo consigue, y una vez en la universidad se mata a seguir estudiando en lugar de disfrutar de la vida universitaria porque le han dicho que de esa manera entrará en una buena empresa. Y lo consigue.
En la empresa no le va bien, no está contento, pero le dicen que si se esfuerza obtendrá un buen aumento. Todo es sacrifico, así que el chico se aplica y lo consigue. Mayor sueldo, mejor ropa, pero sigue sin estar contento. Poco a poco se amarga, se dice que el trabajo no le gusta, no le vale la pena... o al menos no por lo que le pagan, que si ha de pasar por tales malos tragos debería cobrar más. Así que lucha por otro ascenso y otra subida. Y los consigue.
Y el chico, que ya es hombre, sigue caminando por ese camino que otros le han dicho que es bueno. Tiene más dinero que nadie, una mujer que todo el mundo desea, una casa que todo el mundo envidia, hasta un perro que se sabe todos los trucos. Pero no es feliz. Y se pregunta por qué. Por qué, si tiene todo lo que uno pudiera desear. Por qué, si ha llegado adonde todo el mundo desearía llegar. Su vida debería ser perfecta, pues ha alcanzado todos los hitos que definen "perfecta", pero él no lo siente así. Y dado que todo es perfecto, menos él, concluye que el problema reside en su interior y decide acabar con él.
Por supuesto lo que este chico debería haber hecho es aprender a distinguir entre lo que la gente puede entender por "perfecto" y lo que él siente como "perfecto". Un problema común, creo yo, es que afirmamos desear cosas que realmente nos resultan irrelevantes pero que son fáciles de desear: uno no podrá explicar fácilmente que su objetivo sea crear código de calidad, aunque todo el mundo simpatizará si dice que quiere conducir un Ferrari. Así que caemos en lo fácil, en el deseo comprensible. Y nos vemos abocados a luchar por algo que no queremos... y a justificarnos ante nosotros mismos por qué nos sentimos tan vacíos al conseguir los objetivos impuestos.
Finalizo esta reflexión con una frase que le dijo Warren Buffett, uno de los más grandes inversores de todos los tiempos, a su hijo Peter cuando este trataba de decidir si debía seguir los pasos corporativos de su padre o dedicarse a las artes escénicas: "hijo, haz lo que ames, todo lo demás es secundario".
martes, 13 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
El ecosistema Apple
Recientemente he tenido la oportunidad de jugar con varios modelos de tableta, a las que he prestado especial atención tras reservar mi iPad 2. La primera alternativa que me llamó la atención fue Android, quien parece ofrecer una interfaz harto similar, pero sin llegar a la misma experiencia de usuario, la misma intuición.
Otra alternativa es Windows Mobile, aunque de esta hay poco que decir: parece tratarse de un simple Windows adaptado para tabletas, con los mismos menús y barras de herramientas y un teclado que aparece en la pantalla táctil cuando hay que escribir texto.
Sin duda alguna, en esta comparación el ganador siempre es iPad, la tableta pionera y creadora del mercado. Gran parte de su éxito, heredado del iOS que se creó para iPhone, se basa en crear una interfaz de usuario no como una adaptación de lo existente, sino partiendo de cero y teniendo en cuenta las posibilidades de interacción que el nuevo hardware proporciona (no hay ratón, pero hay múltiples dedos que se pueden utilizar de varias maneras).
Pero sobre todo, lo que consigue hacer Apple de manera impecable, lo que la posiciona tan por delante de sus competidores, es la manera en que consigue relacionar todos sus dispositivos para que formen parte de un todo global, un ecosistema perfectamente conectado. Un ejemplo lo tenemos en la manera en que un nuevo dispositivo puede configurarse a partir de uno viejo: tras dos años con mi iPhone 3G me compré un iPhone 4; al principio era un tanto reacio a cambiar de móvil por la problemática de tener que reconfigurar todo, cambiar la foto de portada, etc., etc., hasta que me di cuenta de que podía configurar el nuevo iPhone 4 a partir del anterior... de esta manera es como si nunca hubiera cambiado de móvil, simplemente mejoré el hardware del que tenía. Y me consta que lo mismo puede hacerse con ordenadores.
Pero no es solo una cuestión de hardware, la interconexión va más allá y, mientras que la competencia trata de adaptar el software del PC al smartphone y la tableta, Apple no solo lo crea de cero sino que incluso hace la operación contraria: adapta el software del PC según lo aprendido en el smartphone. Tradicionalmente, cuando uno estaba en el navegador, podía desplazar la página arriba y abajo con la barra de desplazamiento lateral. Muy pronto Apple aprendió a hacer un ratón multicontacto que detectara si uno estaba utilizando un dedo o dos, y al utilizar dos dedos creaba el efecto de agarrar la barra de desplazamiento y moverla arriba para ver la parte superior de la página y abajo para ver la inferior.
Con iPhone esto cambió, ya que lo que uno agarra ya no es la barra de desplazamiento sino la página en sí, y por tanto al desplazar con el dedo hacia arriba lo que hacemos es movernos hacia la parte inferior de la página, y viceversa. Tras el éxito de esta funcionalidad Apple se dijo, ¿por qué mantener dos criterios separados? Y en su última versión de OS X, Lion, decidieron adoptar la metodología iPhone y aplicarla al primo grande (junto con otras muchas cosas, detalles aquí).
Es posible que Apple esté en camino de unificar OS X y iOS en una única plataforma o, al menos, en un único estilo de interfaz, similar a la idea que Microsoft parece perseguir con su Windows 8, pero, al menos hoy por hoy, Apple sigue siendo el rey de los ecosistemas tecnológicos.
No puedo esperar a instalarme iOS 5 para ver lo que hacen con iCloud.
Otra alternativa es Windows Mobile, aunque de esta hay poco que decir: parece tratarse de un simple Windows adaptado para tabletas, con los mismos menús y barras de herramientas y un teclado que aparece en la pantalla táctil cuando hay que escribir texto.
Sin duda alguna, en esta comparación el ganador siempre es iPad, la tableta pionera y creadora del mercado. Gran parte de su éxito, heredado del iOS que se creó para iPhone, se basa en crear una interfaz de usuario no como una adaptación de lo existente, sino partiendo de cero y teniendo en cuenta las posibilidades de interacción que el nuevo hardware proporciona (no hay ratón, pero hay múltiples dedos que se pueden utilizar de varias maneras).
Pero sobre todo, lo que consigue hacer Apple de manera impecable, lo que la posiciona tan por delante de sus competidores, es la manera en que consigue relacionar todos sus dispositivos para que formen parte de un todo global, un ecosistema perfectamente conectado. Un ejemplo lo tenemos en la manera en que un nuevo dispositivo puede configurarse a partir de uno viejo: tras dos años con mi iPhone 3G me compré un iPhone 4; al principio era un tanto reacio a cambiar de móvil por la problemática de tener que reconfigurar todo, cambiar la foto de portada, etc., etc., hasta que me di cuenta de que podía configurar el nuevo iPhone 4 a partir del anterior... de esta manera es como si nunca hubiera cambiado de móvil, simplemente mejoré el hardware del que tenía. Y me consta que lo mismo puede hacerse con ordenadores.
Pero no es solo una cuestión de hardware, la interconexión va más allá y, mientras que la competencia trata de adaptar el software del PC al smartphone y la tableta, Apple no solo lo crea de cero sino que incluso hace la operación contraria: adapta el software del PC según lo aprendido en el smartphone. Tradicionalmente, cuando uno estaba en el navegador, podía desplazar la página arriba y abajo con la barra de desplazamiento lateral. Muy pronto Apple aprendió a hacer un ratón multicontacto que detectara si uno estaba utilizando un dedo o dos, y al utilizar dos dedos creaba el efecto de agarrar la barra de desplazamiento y moverla arriba para ver la parte superior de la página y abajo para ver la inferior.
Con iPhone esto cambió, ya que lo que uno agarra ya no es la barra de desplazamiento sino la página en sí, y por tanto al desplazar con el dedo hacia arriba lo que hacemos es movernos hacia la parte inferior de la página, y viceversa. Tras el éxito de esta funcionalidad Apple se dijo, ¿por qué mantener dos criterios separados? Y en su última versión de OS X, Lion, decidieron adoptar la metodología iPhone y aplicarla al primo grande (junto con otras muchas cosas, detalles aquí).
Es posible que Apple esté en camino de unificar OS X y iOS en una única plataforma o, al menos, en un único estilo de interfaz, similar a la idea que Microsoft parece perseguir con su Windows 8, pero, al menos hoy por hoy, Apple sigue siendo el rey de los ecosistemas tecnológicos.
No puedo esperar a instalarme iOS 5 para ver lo que hacen con iCloud.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Solo en América
Con el verano ya pasado (al menos en estas latitudes) llega el momento de rememorar aquello que tanto disfrutamos durante esos breves momentos durante los cuales el mundo es un lugar tan maravilloso. Y, en mi caso, ese lugar tan maravilloso se ha localizado geográficamente en la costa Este de EE UU. Quiero hablar de mi viaje por tierras del tío Sam, pero quiero evitar los típicos comentarios sobre los monumentos que todos hemos visto en la tele y más bien centrarnos en aspectos que, si bien son harto agradables de vivir, no suelen tener un hueco en las guías turísticas. Habrá varios artículos, no sé cuántos, pero estad al tanto :-)
Mi vuelo me llevó desde Londres a Boston, donde pasé el primer día de compras en un Outlet de marcas con descuento donde además estaban de rebajas. Unido al cambio GBP/USD y al hecho de que en el estado de Massachusetts no se pagan impuestos por ropa, me pude llevar cosas como corbatas de seda de Calvin Klein por tan solo 25 libras, ¡olé! Al día siguiente embarqué en un vuelo camino a Washington DC y el mismísimo trayecto ya fue toda una experiencia, empezando por los donuts Capitán América que tomamos para desayunar en el aeropuerto...
y siguiendo por el potencial almuerzo que nos podríamos haber cascado en Burritos Sin Fronteras
En el avión nos dieron una lección magistral de exclusivismo. La aerolínea con la que volábamos era JetBlue, una de las más populares en EE UU y que, para hacer honor a su nombre, sirve como aperitivo unas patatas fritas azules... Sí, papas azules, de eso hablamos, y nada de tintes raros, sino patatas azules por naturaleza:
Y, al llegar a Washington, me topé con la respuesta a tantas preguntas que me he hecho al ver series americanas: ¿os habéis fijado que tantas veces el que va a recoger a alguien al aeropuerto accede hasta la cinta transportamaletas para ayudarle con el equipaje? ¿Os habéis fijado cuán frecuentemente la gente se mete en la sección de maletas sin más, sin ser pasajero ni nada? Pues bien, esto es porque en EE UU la cinta transportamaletas desemboca después del control de llegada para los vuelos nacionales, lo que significa que en están en el área no controlada del aeropuerto... así que sí, ¡cualquiera puede llegar y ponerse a coger moletas como si tal cosa! Qué gran descubrimiento que es este país...
¡Más por llegar!
Mi vuelo me llevó desde Londres a Boston, donde pasé el primer día de compras en un Outlet de marcas con descuento donde además estaban de rebajas. Unido al cambio GBP/USD y al hecho de que en el estado de Massachusetts no se pagan impuestos por ropa, me pude llevar cosas como corbatas de seda de Calvin Klein por tan solo 25 libras, ¡olé! Al día siguiente embarqué en un vuelo camino a Washington DC y el mismísimo trayecto ya fue toda una experiencia, empezando por los donuts Capitán América que tomamos para desayunar en el aeropuerto...
y siguiendo por el potencial almuerzo que nos podríamos haber cascado en Burritos Sin Fronteras
En el avión nos dieron una lección magistral de exclusivismo. La aerolínea con la que volábamos era JetBlue, una de las más populares en EE UU y que, para hacer honor a su nombre, sirve como aperitivo unas patatas fritas azules... Sí, papas azules, de eso hablamos, y nada de tintes raros, sino patatas azules por naturaleza:
Y, al llegar a Washington, me topé con la respuesta a tantas preguntas que me he hecho al ver series americanas: ¿os habéis fijado que tantas veces el que va a recoger a alguien al aeropuerto accede hasta la cinta transportamaletas para ayudarle con el equipaje? ¿Os habéis fijado cuán frecuentemente la gente se mete en la sección de maletas sin más, sin ser pasajero ni nada? Pues bien, esto es porque en EE UU la cinta transportamaletas desemboca después del control de llegada para los vuelos nacionales, lo que significa que en están en el área no controlada del aeropuerto... así que sí, ¡cualquiera puede llegar y ponerse a coger moletas como si tal cosa! Qué gran descubrimiento que es este país...
¡Más por llegar!
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