miércoles, 7 de enero de 2015

Autobombo a la española

Tras unas (quiero pensar) merecidas vacaciones yendo de tour por España (A Coruña, Huelva y Valencia), me he vuelto a Londres, como casi siempre, con sentimientos encontrados. Por una parte, la añoranza de la tierra, la familia, el clima envidiable, la comida sana, sabrosa y barata... Por otra parte, la exasperación de la chapuza española, de un trabajo siempre desganado y a medio hacer. Me llamarán quisquilloso, pero si algo tiene de bueno Londres es la organización, y ya me gustaría a mí que se nos pegara algo de aquello.

Como muestra, un botón: este mural de la cadena de restaurantes La Pausa del aeropuerto de Valencia.


En esta simple lista de 10 elementos hay 3 errores (uno de ellos corregido); aún sin contar el corregido, hablamos de una tasa de error del 20%. Los errores son:
  • N° 4: Museo de las Artes y las Ciencias. En realidad lo que tenemos en Valencia es la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la cual incluye el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (sin Artes).
  • N° 8: Torres Serrano. Aquí hay doble error. Primero, falta una preposición, debería leer Torres de Serrano. Segundo, es de Serranos, en plural.
  • N° 10: Plaza de la Virgen y su catedral. Este es el que está corregido, pero si uno afina la vista puede ver los tachones que corrigen el texto original "sus catedrales". Alguien debió pensar que en la Plaza de la Virgen hay dos catedrales, cuando en realidad lo que hay es una catedral y una basílica.
Alguno me dirá que estas cosas no tienen importancia, pero hay que tener en cuenta que el aeropuerto es la primera y última toma de contacto de los visitantes a la ciudad. Siendo este un país que vive en gran parte del turismo, y más ahora que le damos tanta importancia a la #MarcaEspaña, deberíamos asegurarnos de que lo que mostramos al mundo es correcto y veraz.

Si no somos capaces ni de escribir los nombres de nuestros propios iconos correctamente, ¿qué credibilidad podemos esperar tener?

jueves, 27 de marzo de 2014

Hablando de metodologías ágiles en #AhíLaLlevas

El viernes pasado nuestros amigos de Ahí La Llevas, por iniciativa de Claudio García, nos acogieron en su programa de radio y me dieron unos minutos para hablar de metodologías ágiles. Para aquellos que no pudieron escucharlo en directo, aquí está el programa grabado:



Para aquel al que le haya parecido interesante y quiera saber más, recomiendo visitar mi blog From Fragile To Agile (en inglés, pero con traducción automática de Google en el menú de la derecha).

domingo, 19 de enero de 2014

Una Europa sin guerras

Bien, dos meses después de empezar empezar a conocer la historia de Joan Pujol García ya he acabado el libro. Cierto es que dos meses es bastante tiempo para un libro tan pequeño, pero con vacaciones y trabajo de por medio es lo que ha habido.

La historia es increíble, tan bien hilada que parece una novela. Joan llegó a tener una red de 27 espías ficticios. A cada uno de ellos les otorgó una personalidad, historia y aptitudes diferentes. Algunos cometían errores a menudo, otros eran ejemplares. Algunos se movían por ideales arios, otros simplemente por dinero. Algunos desertaron. Otros murieron víctimas de convenientes enfermedades. Todo una gran mentira urdida para dotar de realismo a los mensajes ficticios con los que Joan y el MI5 manejaban al ejército Nazi. Entre otras cosas, Joan es el responsable de que los alemanes no contraatacaran tras el desembarco de Normandía, pues les convenció de que esta era sólo una maniobra disuasoria y de que el ataque de verdad entraría por Calais.

Sin embargo, a pesar de lo fantástico de la historia, con lo que más me quedo es con los motivos. Joan era un simple barcelonés que odiaba los horrores de la guerra, por eso se presentó sin más en la embajada alemana ofreciéndose como informador con la intención de engañarles. Y gracias a audacias como esta tenemos hoy la viva que tenemos.

Esto no es de desdeñar, Europa vive el mejor periodo de paz de la historia reciente (por algo se llevó el Nobel). No hay más que echar un vistazo a las últimas guerras en Europa:

  • Segunda Guerra Mundial: 1939-1945
  • Guerra Greco-Turca: 1919-1922
  • Primera Guerra Mundial: 1914-1918
  • Guerra de los Balcanes: 1913
  • Guerra Franco-Prusiana: 1870-1871
  • Guerra de Crimea: 1853-1856
  • ...
Por supuesto no estoy contando los conflictos violentos (aunque no bélicos) en los países comunistas o las guerras que no afectaron a más de un país, como la Guerra Civil Española o las guerras causadas por el desmembramiento de Yugoslavia. Lo que quiero enfatizar es que hace ya casi 70 años desde la última vez que un país europeo decidió atacar a otro, circunstancia que ocurría con mucha más frecuencia anteriormente. Ya cada vez hay menos gente que recuerde haber vivido una guerra. Hay gente que ha estudiado guerras o que las ha visto por la tele, pero cada vez menos los europeos tenemos en nuestra memoria una guerra entre países. ¿Imagináis que esto vaya a seguir siendo así?

Hagamos un cálculo simple. Yo tengo 31 años. La esperanza de vida en España es de 81 años, por lo que aún espero vivir en torno a 50 años más. Para que yo no tenga que vivir ninguna guerra en Europa necesito que Europa disfrute un periodo de paz de 120 años, algo que no estoy seguro de que haya ocurrido nunca. 

Y es aquí donde verdaderamente podemos apreciar la labor de Joan Pujol García. Sus convicciones le motivaron a resolver el conflicto de la manera menos sangrienta posible, evitando cuantas más muertes pudiera. Y es precisamente esta idea, la de evitar la violencia en la medida de nuestro alcance, la que representa para mí su mejor herencia: la mejor batalla es la que no se lucha, y la mejor guerra la que no se empieza.

jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Sabes quién era Joan Pujol García?

Seguramente no, como la mayoría de los españoles. Y sin embargo, si te consideras un defensor de las libertades individuales, no sólo deberías conocerlo sino que deberías tener su busto en un pedestal. Con lo que he dicho puede que estés tentado a navegar a la Wikipedia y leer su biografía al completo. Desde luego puedes hacerlo, pero yo te quiero ofrecer una alternativa: conocer a Joan a través de la historia de cómo llegué a conocerlo yo, y de paso reflexionar sobre qué ha debido pasar para que el español medio no sepa de su existencia.

Leí el nombre de Joan Pujol García por primera vez en Londres, en una visita al Museo Imperial de Guerra. Estaba paseando por una exhibición sobre espionaje cuando, en una sección dedicada a los agentes dobles de la Segunda Guerra Mundial, me topé con esto:


Vaya, resulta que el tal Joan fue un agente doble colaborando con el mando aliado. No sólo eso, sino uno de los más importantes. De hecho, un agente cuya misión fue convencer a los alemanes de que los aliados atacarían por Calais en lugar de por Normandía, haciendo que bajaran la guardia en el lugar clave y asegurando así el éxito del desembarco. Teniendo en cuenta que se considera el desembarco de Normandía la operación que cambió el curso de la guerra, podemos decir que Joan Pujol García fue un hombre clave en asegurar una Europa libre del yugo nazi. No podía quedarme sólo con esto, así que me apresuré a la tienda del museo a comprar un libro parcialmente escrito por el propio Joan y que cuenta sus peripecias como espía.


Aún voy solo por las primeras páginas y ya estoy quedando perplejo. Acabo este artículo con una cita sobre su infancia y unas preguntas que me quitan el sueño:
A pesar de que la atmósfera en casa era tan marcadamente catalana, ni mis padres ni nadie más sentía ese impulso separatista puesto que nosotros éramos españoles primero y ante todo[1].
¿Cómo es posible que no haya calles, estatuas, pasajes en libros de texto y un largo etcétera de reconocimientos en honor de un español tan relevante? ¿Qué ha pasado en los últimos 100 años para que un sentimiento fuertemente identitario catalán sea incompatible con una defensa de la nacionalidad española? ¿Tan alargada es la sombra del Franquismo?

[1] La traducción al castellano es mía, la cita en inglés es "But although the atmosphere at home was so strongly Catalan, neither my parents nor anyone else felt the sting of separatism for we were first and foremost Spaniards"

sábado, 12 de octubre de 2013

Dos tetas como reclamo

Hace ya unos años escribí sobre un soez caso de publicidad a través de la promoción de operaciones de estética como regalo, el artículo fue Y dos cocazos de regalo, y se basaba en el principio de que utilizar el sexo como reclamo es, en general, una idea indeseable y socialmente deplorable.

Pero ahora llegan la chicas de Femen y el argumento parece que cambia. Para el que no conozca al colectivo, Femen es un grupo que se caracteriza por por organizar protestas para atraer la atención sobre diversas causas. Hasta aquí nada nuevo, muchos grupos hay ya. Ahora bien, si bien otros grupos se caracterizan por luchar por unos objetivos concretos (Greenpeace por el medio ambiente, Amnistía Internacional por derechos humanos, etc.), Femen no tiene ningún objetivo definido, a veces protestan contra el petróleo, a veces contra el aborto, a veces contra la industria de la moda... En lugar de definirse por una causa, Femen se define por un método de protesta: mujeres desnudas.

El tiempo decidirá si lo de Femen es una moda pasajera o han venido para quedarse, pero francamente yo espero que sea lo primero por varias razones:
  • Las protestas basadas en el método y no en el objetivo son más proclives a ser usadas por las razones equivocadas, "voy a sacar las tetas al aire, armar un revuelo, quejarme de algo y decir que soy muy progre porque soy de Femen".
  • Las protestas basadas en el sensacionalismo obtienen mayor notoriedad pero menor consideración, "si fuera un problema de verdad convencerían con argumentos, no sacando el culo al aire".
  • Juntar en el mismo grupo protestas totalmente dispares corre el riesgo de influir unas contra otras y confundir a la población, "¿protestan por el petróleo? No les hagas caso, también protestaron por la criminalización de la prostitución"


En resumen, creo que Femen representa varios pasos atrás en la integración de las mujeres en una sociedad igualitaria, ¿qué piensas tú?

martes, 3 de septiembre de 2013

Cuaderno de bitácora: conexión Rumanía (VI)

Hace seis años inicié una tradición de viajes con mi buen amigo Jordi, de quien tal vez hayáis oído hablar puesto que publicó un artículo invitado en mi blog sobre metodologías ágiles. Desde entonces hemos tenido de todo, desde malentendidos serios con policías japoneses hasta turismo sanitario inesperado. Este año, con motivo de la boda de unos amigos en Cluj, escribimos el sexto capítulo en nuestro particular cuaderno de bitácora: Rumanía.

Han sido diez días descubriendo la diferencia entre mito y realidad de Drácula, sorteando carretas de caballos y disfrutando de los parajes naturales. Rumanía: país que no olvida sus orígenes rurales y a la vez empeñado en subirse en ese carro llamado (tal vez mal llamado) "desarrollo". Sin ir más lejos, una situación similar a la vivida por España 50 años atrás.

Hay interesantes paralelismos entre la historia reciente de Rumanía y la historia actual de España, aunque con matices.

Hasta hace 24 años, el dictador Ceausescu lideraba el país con mano de hierro. Convencido de la importancia de mejorar la imagen del país en el panorama internacional, puso gran énfasis en reducir el déficit y mejorar la balanza de pagos, para lo que inició una campaña de exportaciones. El problema es que lo poco que Rumanía producía por aquel entonces, aún un país eminentemente rural, era comida, y el programa de exportaciones implicó racionar los alimentos entre los propios habitantes para poder exportarlo; tamaña adoración por la opinión internacional ignorando al propio país me recordó, aunque a diferente nivel, al empeño del actual gobierno de España de estrangular los servicios públicos en pos de mejorar el déficit y cumplir los compromisos con Bruselas.

Sala de Rayos X en funcionamiento con
aspecto de viejo laboratorio nuclear en
el hospital de Curtea de Arges
Otro paralelismo que he visto, también puesto en contexto, es el de las proyectos faraónicos que mayormente no llevan a nada. Ceasescu se emperró en tener un gran palacio para albergar el gobierno en Bucarest, el Palacio del Parlamento, y se gastó el equivalente a 33.000 millones de euros para construir el segundo edificio más grande del mundo (por detrás de El Pentágono). Este edificio es aún hoy fuente de polémica puesto que, si bien uno podría estar orgulloso de poseer tamaña obra arquitectónica, los rumanos no logran sacarle más utilidad que el turismo y se preguntan si la riqueza ahí contenida en forma de mármol, oro y mobiliario de lujo podría ser utilizada para ayudar al país. Este tipo de obras me recuerda inevitablemente a elefantes blancos como el Aeropuerto de Castellón o las bases de la Copa América de Valencia, o a ese complejo de inferioridad llamado "Madrid ha de tener unos Juegos Olímpicos cueste lo que cueste porque Barcelona los tuvo y Madrid no puede ser menos".


Sin embargo, hay que decir que no todo es tan malo. Por una parte algunas de las grandes obras si tuvieron sentido, como la carretera Transfagarasan, que conecta las regiones de Valaquia y Transilvania atravesando los Cárpatos. Por otra parte, en algunas de las comparaciones salimos ganando por goleada y nos ayudan a entender que la nuestra es una crisis de país rico, como puntualizaron un grupo de periodistas latinoamericanos que pasaron un tiempo en Madrid: mientras estábamos en Curtea de Arges mi amigo Jordi se puso enfermo y tuvimos que acudir al Hospital; aquello fue como viajar al pasado. Desde fuera, el edificio parecía una fábrica abandonada, mientras que el interior era una colección de pasillos sucios y mal iluminados, equipamiento obsoleto y preocupante falta de medios. Los teléfonos eran como los de Gila, y las medidas de seguridad meras "recomendaciones".

Carretera Transfagarasan, no solo una buena conexión
viaria sino también un placer de la conducción

Como siempre, nada como viajar para abrir los ojos y entender que, aunque nos queda bastante por hacer, no estamos tan mal.

viernes, 12 de julio de 2013

La historia de José Español

José Español tuvo una vida difícil. Sus problemas empezaron a temprana edad, en el colegio, cuando sus compañeros lo repudiaban por no traerse la comida en un tupperware como hacían ellos, la madre de José sólo tenía fiambreras y tenía que conformarse con ello. El hecho de que José fuera un apasionado del balompié mientras sus compañeros querían jugar al fútbol no ayudaba.

José Español sobrevivió al colegio haciendo de tripas corazón, y cuando pasó al instituto buscó nuevas formas de socializarse; preguntó si existían actividades extraescolares como senderismo o correr (a José siempre le gustaron las actividades al aire libre), pero lo más parecido que encontró fueron los clubes de trekking, footing y jogging. Se conformó y al principio todo fue bien, hasta que en una de las excursiones José se enzarzó en una discusión sobre qué engordaba más, si el bacon o la panceta, y el ambiente se enrareció demasiado para seguir siendo parte del club.

Al acabar el instituto José Español decepcionó a su padres con su elección de carrera profesional. El padre de José le había aleccionado durante años para que cursara Business Managemet, pero José ya había puesto su corazón en una carrera sobre Gestión de Empresas. José y su padre estuvieron mucho tiempo sin hablar, José intentaba recuperar su favor mandándole copias de sus excelentes notas por correo electrónico, pero su padre solo atendía a lo que le llegara por email.

Tras mucho esfuerzo José acabó primero de su promoción y consiguió un puesto en una gran empresa, pero pronto se convirtió en el hazmerreír de sus colegas reviviendo momentos de su infancia: José había llegado dispuesto a comerse el mundo con su agenda electrónica, su tableta digital y su teléfono de última generación, pero en aquella empresa para que a uno lo tomaran en serio se necesitaba una PDA, una tablet y un smartphone. Agobiado, José intentó hablar con Recursos Humanos para que tomaran cartas en el asunto alegando un caso de acoso laboral, pero los responsables de turno alegaron que sólo podían actuar en casos de bullying o mobbing.

José acabó por entender que no había nacido para este mundo, la modernidad que lo rodeaba y lo invadía por todas partes era más fuerte que su carácter simple y castizo. Cedió y empezó a comprarse los mismos gadgets que sus compañeros, a practicar las mismas actividades para relajarse, a atender los populares lounges de chill-out. Y así, poco a poco, José Español dejó de ser español, entendiendo por fin que en esta era de progreso nuestro idioma se queda corto para llevar una vida plena.